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martes, 24 de junio de 2014

Al que madruga...





Hoy me desperté con ganas, con energía. Y es que hoy es martes: hoy a la noche voy al estudio, a continuar con la grabación de mi segundo disco. Así, los martes suelen ser días de luz, días plenos de música y sensaciones. Casualmente, esta mañana la Luna y Venus me esperaban para disfrutarlos jugando juntos a las escondidas sobre el lago Nahuel Huapi, acá en mi Bariloche natal. Hace poco que pasó el día de la noche más larga y empezó oficialmente el invierno. El frío aprieta, pero igual salimos. No importa nada cuando uno está inspirado.

Y cae entonces la pregunta como al pasto el rocío: ¿por qué me desperté con tantas ganas hoy? digo... ¡por qué no puedo levantarme todos los días con esta energía! y sobre todo: ¿cómo hacer para mantener este estado la mayor cantidad de tiempo posible? Cuando estoy así, no importa nada. Todo a mi alrededor es "simplemente poético". La Luna y Venus, el gran lago, el cerro nevado, todo a mi alrededor es motivo suficiente para celebrar. Ojalá me dure, pienso. Y ojalá pueda contagiar esta inspiración a otros durante el día. Y claro, por eso mismo ahora me siento e intento ponerlo en palabras.

Mientras íbamos en el auto, camino a dejar a los chicos a la escuela (ya había visto desde la ventana del baño a la Luna y a Venus jugando en el cielo) en la radio un tipo contaba que había adoptado a siete hijos. A la última, de 20 años de edad, la adoptaron recientemente, así, ya de grande, porque había quedado embarazada y no tenía adónde ir, luego de haber pasado la mitad de su vida en un orfanato. Esto último lo convertía, además, en abuelo adoptivo. Ustedes dirán ¿y qué tiene que ver? Piénsenlo: este padre (padrazo) había decidido formar una familia con su compañera y, a pesar de que sus cuerpos no se lo permitían, ellos lucharon contra la burocracia, los problemas económicos (ambos empleados estatales), los prejuicios y fueron para adelante.

Un rato más tarde, vuelvo a mirar al cielo desde donde tomé la imagen que acompaña a estas palabras y, claro, salió el sol, que llega como esa "luz del entendimiento" a la que García Lorca acusaba (en La Casada Infiel) de "hacerlo ser tan comedido". Pienso: el sol es Rey, Amo y Señor y sin embargo no puede impedir que La Luna y Venus jueguen, a hurtadillas, sobre el lago. No quiero cerrar, no quiero terminar este relato. Sin embargo, tengo cosas "más importantes" que hacer. Simplemente les dejo la imagen y la inspiración, no mía, sino de aquel padre cordobés que con su compañera formaron una familia, contra viento y marea. Y me pregunto: ¿Cuántos días martes de Luna y Venus habrán pasado? ¿Qué felicidad puede ser más genuina que la que uno mismo persigue, lucha, arma, gana y obtiene por sus propios medios? Ya está: en lugar de despedirme con el deseo de que tengan un buen día, les deseo muchos "martes" en su vida!!

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