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lunes, 30 de marzo de 2015

Humildad y sencillez

Son poco más de las seis de la mañana. Luego de una práctica de respiración y meditación no del todo profunda, quizá porque mi humor estos días pendula constantemente y el nubarrón cargado de esperanza pasa de largo una y otra vez sobre el suelo reseco del pecho, me pongo de pie y por la ventana observo que una diminuta estrella fugaz raya diligentemente el cielo austral.

Súbitamente reflexiono, casi con tono imperioso, marcial: -"Y si comparto mi deseo, ¿se cumplirá?"

Recuerdo entonces que ayer nomás una persona destacaba la humildad y la sencillez como dos características que veía en mí, comentario motivado en parte supongo por el afán de correspondencia frente a algún otro comentario positivo recibido de mi parte.

En este punto evoco el viejo adagio griego: "Conviértete en lo que eres" y, al mismo tiempo, deseo fervientemente y me comprometo a peseguir cada día con más fuerza la humildad y la sencillez que caracteriza a los verdaderos grandes.

Después de todo, si lo pensamos bien, somos apenas diminutas estrellas fugaces rayando cielos de insomnio que sólo los locos y los acampantes son capaces de aprovechar.



jueves, 26 de marzo de 2015

Las manos de mi madre

¡Grande mamá Carola! Ella sí que le puso todo a esta vida y siempre salió adelante luchando. Nadie le regaló nada y siempre nos dio todo. Hoy, con 37 años, reconozco y valoro su esfuerzo y su entrega cuando de ayudar a nosotros, sus hijos, se trata. 

Casualmente (o no tanto quizá) justamente hoy me llamaron de una radio para hablar del nuevo disco y el conductor del programa me preguntó cómo era el apoyo de la familia y yo casi me quiebro cuando recordé que hace unos días nomás, con mi tata, nos abrieron las puertas de su casa para amasar empanadas salteñas en el contexto de la grabación del videoclip de una canción que -no por nada- se llama "El Sentido de la Vida".

¡Gracias entonces tata Arturo y mama Carola por estar siempre ahí bancando mis locuras! No quiero que termine este día tan especial sin que ustedes y todos lo sepan. Lean el texto que aparece más abajo que es precioso. Con todo cariño, Lucas.

"Las manos de mi madre"(*) 
*no conozco a su autor, llegó a mí a través de Internet y quise compartirlo.

Un joven fue a solicitar un puesto gerencial en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial y ahora iba a conocer al director para la entrevista final. El Director vio en su currículum sus logros académicos y eran excelentes. Entonces le preguntó: "¿Recibió alguna beca en la escuela?". El joven respondió: "No". -"¿Fue tu padre quien pagó tu educación?" - "Mi padre murió cuando yo tenía un año de edad, fue mi madre la que pagó". -"¿Dónde trabaja tu madre?" -"Mi madre trabajaba lavando ropa". 

El Director pidió al joven que le mostrara sus manos. El joven mostró un par de manos suaves y perfectas. -"¿Alguna vez has ayudado a tu madre a lavar la ropa?" -"Nunca. Mi madre siempre quiso que estudiara y leyera más libros. Además, mi madre puede lavar la ropa más rápido que yo". El Director dijo entonces: "Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu madre y luego ven a verme mañana por la mañana". El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta. 

Cuando regresó a su casa le pidió a su madre que le permitiera lavar sus manos. Su madre se sintió extraña, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo. El joven lavó las manos de su madre poco a poco. Rodó una lágrima al hacerlo. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su madre estaban tan arrugadas y tenían tantos moretones. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su madre se estremeció cuando él la tocó. Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que lavaban la ropa todos los días para poder pagar su educación. Los moretones en las manos de la madre eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro. 

Después de limpiar las manos de su madre, el joven se puso a lavar en silencio toda la ropa que faltaba. Esa noche, madre e hijo hablaron durante un largo tiempo. A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del Director. El Director se notó las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: "¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?". El joven respondió: "Lavé las manos de mi madre y también terminé de lavar toda la ropa que quedaba. Ahora sé lo que es apreciar y reconocer: sin mi madre, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi madre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia". 

El director dijo: "Esto es lo que yo busco en un Gerente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida; Estás contratado".




"Las manos de mi madre", Peteco Carabajal.

Entrevista radial a Lucas Dávalos por el lanzamiento de su nuevo trabajo discográfico Radio Seis Bariloche 26/03/2015








viernes, 6 de marzo de 2015

Cómo se viene la muerte, tan callando

Qué tristeza saber que esta mañana un muchacho de 40 años de edad murió en un accidente de tránsito en Bariloche por no llevar puesto el cinturón de seguridad. Precisamente esta misma mañana, camino al colegio, le decíamos a Josefina que se acomodara el delantal, cosa que se le complicaba con el cinturón puesto. "Sacate un minuto el cinturón, que tampoco es la muerte de nadie", fueron mis palabras textuales, que ahora recuerdo y cobran nuevo sentido a la luz del fatídico accidente.

Más tarde, comentando el accidente con una amiga, ella me cuenta que se acostumbró a usar el cinturón de seguridad -que antes no usaba- gracias a la insistencia de su hijo, probablemente sensibilizado por los docentes en la escuela. En eso, otra persona se suma a nuestra conversación y comenta que también esta mañana, camino al trabajo, una moto la pasó de forma imprudente, casi tocando su auto, a lo que pensó "y si a este tipo le pasa algo grave, ¿qué hago? ¿a quién llamo?".

Bajemos un cambio, estamos en Bariloche.

Tristeza, no mucho más hoy. Tristeza y poesía y música, que ayudan a seguir.

"Recuerde el alma dormida,        
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte            
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,          
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                        
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar          
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos    
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                        
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos        
y los ricos".

Coplas a la muerte de su padre
Jorge Manrique, 1477.



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