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martes, 17 de junio de 2014

Crisis: oportunidad.


Se aprende en la cuna, se aprende en la cama, 
se aprende en la puerta de un hospital.
Se aprende de golpe, se aprende de a poco
Y a veces se aprende recién al final.
Jorge Drexler.



Cuando ella bajó las medias, me las puse y, al ver el agujero, pensé: "Qué ironía...". Y es que justo tiene que agarrar las medias que yo vivo poniendo a un costado, en el fondo del cajón, ahí, detrás de los calzoncillos, como un oficinista que archiva una y otra vez ese expediente sin resolución y que de tanto en tanto reaparece en sus manos, mágicamente. 

En otro momento, seguramente me hubiera enojado (¡cómo odio tener que usar medias agujereadas!). Sin embargo, esta vez me cayó la ficha: "crisis-oportunidad", pensé. Normalmente, nunca me acuerdo de llevar las medias a la planta baja, donde tenemos el costurero, como para darles "una puntadita", como decía mi abuela. 

De esa misma abuela heredé la técnica para remendar medias: se toma una lamparita, no muy grande, no muy pequeña, se introduce hasta la punta de la media donde se encuentra el agujero y, así como queda, estirada, se aprovecha el efecto abovedado que provee el casco cóncavo de la bombita para proceder con la costura.

Crisis-oportunidad, pensé. ¡Claro! si no hubiera sido así, digo, si ella no me hubiera alcanzado las medias rotas (Crisis) que vivo "cajoneando", ahora no tendría la oportunidad de tomar el costurero y zurcirlas. Y ese momento fue como una iluminación.

Moraleja: todo depende de cómo te lo plantees y de cómo te lo tomes, todo el tiempo. Las crisis suelen ser dolorosas, es cierto, sino no serían tales. Sin embargo, llevando este ejemplo trivial al extremo, podemos pensar que gran parte de las situaciones que llamamos crisis, finalmente, no lo son tanto o, al menos, si lo pensamos mejor, si logramos poner las cosas en perspectiva, son excelentes oportunidades para aprender, mejorar y evolucionar. Y sí, a veces se aprende recién al final, pero... ¡más vale tarde que nunca!

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