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sábado, 24 de octubre de 2015

Ese dulce antibiótico natural



Hace unos años volvía a Bariloche en avión de un viaje por trabajo a Buenos Aires y, cuando fui a ocupar mi asiento en una fila de tres, descubrí con sorpresa que a ambos lados se ubicaban dos científicos jubilados australianos, marido y mujer. En cuanto les ofrecí el asiento del medio para que viajaran juntos me dijeron que no me preocupara, que no se trataba de un error sino que viajaban así porque a ella le gustaba la ventana y él tenía que tener la pierna estirada y por eso prefería la ubicación del pasillo.

Enseguida trabamos conversación "in English". Generalmente aprovecho estas oportunidades para charlar y practicar el idioma que aprendí de muy chico con mi abuela Lucy, profesora de inglés. El hombre me comentó que había sufrido una infección en el pie izquierdo al clavarse una astilla mientras caminaba por la playa en la isla de Madagascar.

En unas pocas horas, la pierna comenzó a hincharse cada vez más, al punto que tuvo que suspender sus vacaciones y regresar de inmediato a Sudáfrica. El caso es que con el pinchazo, el hombre se había infectado con una "superbacteria", es decir, una bacteria muy rara y sin cura conocida. Al llegar a su país lo internaron de urgencia. Cuando su médico de cabecera fue a examinarlo, le dijo que era muy probable que tuvieran que amputarle la pierna. "Pero no te preocupes", dijo el doctor, "si te la cortamos bien arriba, solucionaremos el antiguo problema de tu rodilla". A medida que el hombre continuaba con su relato, aumentaban parejamente mi sorpresa e indignación.

Finalmente, me contó que se zafó de la amputación gracias a Google y a sus conocimientos científicos que le permitieron: a) desconfiar de médico y b) filtrar correctamente la información que iba obteniendo en Internet acerca de las superbacterias. Y así fue que dio con la miel, ese dulce antibiótico natural que habría de salvarle la pierna. Durante días se puso miel en la herida y en el resto del pie y cuando volvió a ver al médico el tipo no podía creer que se hubiera curado.

Y así fue como siguió su vida de científico jubilado, pudiendo caminar y viajar para conocer lugares tan remotos como la Patagonia, donde ahora veníamos a encontrarnos. Claro, ya sé, ustedes dirán: pero tan bien no se curó, sino no tendría que viajar con la pierna extendida. Pero no. La razón para "estirar la pierna" era su rodilla, aquella que el médico proponía cortar, de paso, matando dos pájaros de un tiro.

Miel, el antibiótico dulce. La miel es un placer para los golosos que nos ayuda a mantener alejadas las infecciones. Contiene azúcares energéticos, vitaminas, minerales, enzimas activas, aminoácidos, ácidos orgánicos, sustancias antibióticas (inhibina, ácido fórmico), polen, acetilcolina y agua. Se recomienda utilizarla a diario aunque sin abusar (es muy calórica) para endulzar infusiones, bebidas y comidas. Los abuelos sabían lo que hacían. La miel con limón es el mejor remedio para aliviar los problemas de garganta, cura-sana natural. Las heridas y quemaduras también se curan con miel. Las propiedades antisépticas y cicatrizantes de la miel evitan las infecciones y aceleran la curación de la piel dañada. Todas son cicatrizantes, pero la mejor es la de lavanda.



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